El Teólogo N°37, actualizado
en 7.8.2022
La “casa de Dios” no es cualquier
construcción de piedra, sino el cuerpo de cada persona. Así lo enseña por
ejemplo Pablo en el nuevo testamento, cuando describe al cuerpo humano como
“Templo del Espíritu Santo” (1era de Corintios 6, 19). Esto significa:
Dios vive en nosotros y en toda forma viviente. Según esto, el cuerpo es el
envoltorio material, y en cada cuerpo vive un ser espiritual. Y lo más íntimo de
este ser es por su lado, el “Espíritu Santo”. También se podría decir el
“aliento de vida de Dios”, el aliento de toda la creación, que une a todos los
seres vivientes entre si. Y en consecuencia Jesús de Nazaret dijo “El reino de
Dios está en vosotros.” (Lucas 17, 21)
Las iglesias y los templos de piedra de las diversas religiones, frente a esto,
no son viviendas de Dios. Y así ya está escrito en el gran profeta israelí
Isaías: “El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la
casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo
todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a
aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla con mi palabra. El que
sacrifica un buey es como si matase a un hombre; el que sacrifica una oveja, es como si
degollase un perro; el que hace ofrenda, es como si ofreciese sangre de cerdo; el
que quema incienso, es como si bendijese a un ídolo. Y porque escogieron sus
propios caminos, y su alma amó sus abominaciones.” (Isaías 66, 1-3)
Estas palabras están dichas contra todo tipo de culto en los templos, que fue
principalmente un lugar de terribles sufrimientos para los animales inocentes, y que
muchas veces también lo es hoy. Y mientras más siniestras son las almas de las
personas, de forma más ostentosa son incluso hoy, sus iglesias, templos o
lugares de culto. Pero a Dios sólo se le encuentra en el fondo del alma de todo
lo viviente. Y en Él sólo cuenta la humildad y hacer el bien.
Los cultos y ceremonias de las religiones,
que son realizadas en monumentos de piedra, del culto correspondiente, no son
más que inventos de los propios sacerdotes y guían a los buscadores de Dios a
los correspondientes ídolos de los sacerdotes, pero no a Dios. Así como una casa
hecha de piedra no es nunca una “casa de Dios”, del mismo modo un sacerdote o un
pastor – independiente de la religión – nunca es un “mediador hacia Dios” o a
caso un “servidor de Dios”. En cuando el sacerdote haya renunciado, haya
abandonado su arrogancia sacerdotal, y se haya enrolado con humildad, como los
“laicos”, ya no pone barreras
a los buscadores del camino hacia Dios. Y en cuanto el ser humano ya no entre en
las monumentales iglesias de piedra, sino en el aposento interior de su propio corazón,
entonces se acerca más a Dios. Así como lo enseñó Jesús: “Pero tú cuando ores,
entra en tu cuarto, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y
tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” (Mateo 6, 6)
Dedicación: |
Observación: |
¿Matanza de animales para calmar a Dios?
La vida religiosa está
rigurosamente organizada por parte de los sacerdotes de Israel, en tiempos de Jesús de
Nazaret, y dentro de este marco están ordenados de forma exacta, supuestamente
por Dios, todos los ritos y ceremonias. Así se enseña hasta hoy en las iglesias,
por lo menos cuando estas ordenanzas aparecen en el antiguo testamento. En el
Catecismo Católico por ejemplo, dice: El Antiguo Testamento prepara el
Nuevo mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se complementan mutuamente;
los dos son verdadera Palabra de Dios” (Nº 140). O sea, también todas las
ordenanzas de culto del antiguo testamento. Como punto central del culto, desde
el término de la confección de los templos en Jerusalén, con su “sacrosanto”,
en el cual sólo podía ingresar una vez al año el sumo sacerdote, en el día del
“Jom Kippur”. Para su preparación, primeramente se mata a un joven toro y un
macho cabrío como ofrenda, a continuación se dirige detrás del velo, que separa
al “sacrosanto” de lo “santo”, y entra al “sacrosanto”, y allí rocía con sangre
el trono, del dios aquí honrado, lo que debería tener como efecto que el
sacerdote y el pueblo sean purificados de sus pecados (Levítico 16, 15).
Pero también en otros días del año acontecen hechos sangrientos. A diario hay
que ofrendar animales en el altar que deben ser matados y quemados, “Un cordero
ofrecerás por la mañana, y el otro cordero ofrecerás a la caída de la tarde”
(Números 28, 4) “ofrenda encendida en olor grato a Jehová” (V. 8). La
creencia de poder apaciguar a Dios con ofrendas de animales, lo han adoptado los
sacerdotes israelíes, de Egipto. Donde los israelitas estuvieron en cautiverio –
durante 400 años – 2000 años a.C. (La fecha es insegura, eventualmente desde
1670 hasta 1270 a.C.) donde los cultos paganos influenciaron a los israelitas.
Los egipcios homenajeaban generalmente al politeísmo, para lo cual también se
realizaban crueles sacrificios de animales. Algunos egiptólogos, en relación a
esto se refieren a paralelismos entre Egipto e Israel, por ejemplo en el libro
Tierkulte im pharaonischen Ägypten und im Kulturvergleich, Berlin 2003 (Culto
a los animales en el Egipto de los faraones en comparación a la cultura, Berlín
2003). Aquí entre otras cosas, son evaluadas pinturas de Egipto, y los
editores, los egiptólogos Martin Fitzenreiter y Steffen Kirchner, resumen los
resultados como sigue: “Las escenas de matanzas representadas en muchas paredes
de tumbas, siguen a un determinado modelo … El animal del sacrificio, después de
ser traído, es puesto en el piso. Sus patas son amarradas y el sacrificio es
realizado. Entonces al animal sacrificado se le corta la pata derecha delantera,
se separa la carne del pecho y se le arranca el corazón. Esto le es presentado
al sacerdote mayor … Las demás partes aprovechables, son entregadas al jefe del
centro de distribución, para su reparto general …
(rz.hu-berlin.de, ibaes4, summary.html).
Indicaciones similares le habría dado posteriormente, según el antiguo
testamento, Dios a los israelitas. En especial cuando dice: “… y pondrá su mano
sobre la cabeza del becerro, y lo degollará delante de Jehová” (Levítico 4,
4). Donde en Israel se sacrificaba a los animales en forma brutal sin
narcotización, en esto los paralelos egipcios e israelíes se parecen hasta el
más mínimo detalle: “Pero los pechos, con la espaldilla derecha, los meció Aarón
como ofrenda mecida delante de Jehová”, ya que Dios supuestamente habría
ordenado: “Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el
pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el
sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel” (7,
34). Entonces: En Egipto el pecho con la espaldilla derecha como ofrenda a
los sacerdotes, mientras que en Israel, pueden ser comidos por los sacerdotes –
dos variantes de un “tema”, pero el modelo básico en ambos casos es el mismo.
También el egiptólogo Stefan Grunert, en el ya mencionado libro, Berlin 2003
(Culto a los animales en el Egipto de los faraones en comparación a la cultura).
Hace referencia a los paralelos del antiguo testamento. Él escribe: “Las
relaciones, entre la matanza en el antiguo Egipto y los sacrificios rituales” de
las posteriores religiones, “difícilmente pueden ser una coincidencia (pág.
82). En forma explícita, el egiptólogo menciona en esta relación al Israel
del antiguo testamento. Y aquí se presenta el interrogante: ¿De dónde provienen
entonces los crueles sacrificios de animales en la Biblia. De Dios como dice la
Biblia, o de Egipto?
La resistencia de los profetas y la voluntad del “Dios único”
Este sangriento culto
sacerdotal, es combatido con vehemencia pero sin éxito, por los grandes profetas
israelíes, a través de los cuales habló ese “Dios único”, según la creencia
judía. Para esto algunos ejemplos:
Oseas: “Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de
Dios más que holocaustos.” (6, 6)
“En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne, y comieron; no los quiso
Jehová; … Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó
ciudades fortificadas …” (8, 13-14)
Amos: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en
vuestras asambleas. Y si me ofreciéreis vuestros holocaustos y vuestras
ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales
engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las
salmodias de tus instrumentos.”
(5, 21-23)
Miqueas: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo?
¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará
Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi
primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti:
solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
(6, 6-8)
Isaías: “Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales
gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos … el
incienso me es abominación." (1, 11.13)
Jeremías: “Vuestros holocaustos no son aceptables, ni vuestros
sacrificios me agradan.” (6, 20)
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros
holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.
Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos
y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé,
diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por
pueblo.” (7, 21-23)
Los sacerdotes, los falsificadores y los carniceros
Pero si no fue Dios, quién habló
por los profetas, quién estableció los sacrificios de la matanza y la quema de
animales para el éxodo de Egipto, ¿quién fue entonces? ¿Por qué? Habrá sido
alguien que pudo obtener con esto algún beneficio o una posición de poder. Y
tuvo que haber sido alguien, que tuvo acceso a las escrituras religiosas y que
pudo falsificarlos para la revaloración de su ego.
Para aclarar más aún los hechos: El profeta Jeremías contradice claramente la
institución de la fiesta de pascua por Dios, según Levítico 23, 4-8,
donde entre otras cosas dice: “Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda
encendida” (V. 8). También contradice el relato en Éxodo 12, 1-10,
donde en relación de la salida de Egipto, se trata solamente del correcto culto
sobre el sacrificio de un cordero, y donde no se menciona ni una palabra sobre
la obediencia frente a la palabra de Dios, lo realmente importante según
Jeremías. Así aparece en Éxodo (12, 5.9): “El animal será sin defecto,
macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. No comerán nada de
él crudo o hervido, sino que lo comerán todo asado con su cabeza, sus patas y
sus entrañas.” Aún cuando excepcionalmente los israelitas pueden comer el
cordero completo, para la fiesta de Pascua – sin tener que ceder partes a los
sacerdotes y para “Dios” – la relación con el sacrificio es evidente. Ya que
siempre un animal para el sacrificio debía ser un: “macho sin defecto de entre
el ganado vacuno, de entre los corderos, o de entre las cabras.” (Levítico 22,
19)
Otro momento álgido del año es la fiesta de los tabernáculos en otoño –
Nuevamente una gran fiesta de carnicería, en el cual frente a las diarias
matanzas, se le suman muchas otras víctimas más: En el primer día, 13 becerros,
14 corderos sin defecto, 2 carneros y un macho cabrío; el segundo día, 12
becerros y 14 corderos sin “defecto”, 2 carneros y un macho cabrío, el tercer
día, 11 becerros, 14 corderos sin “defecto”, 2 carneros y un macho cabrío, etc.
– Luego cada día un becerro menos hasta el séptimo día, y en los siguientes,
junto a los 14 corderos sin defecto y los dos carneros y el macho cabrío, deben
morir por lo menos otros 7 becerros más. En el octavo día un pequeño respiro:
ahora sólo deben morir, junto a un macho cabrío, sólo un carnero, un becerro y
siete corderos “sin defectos”, después de los siete días anteriores fueron 14
corderos diarios (Números 29, 12-39). Todo esto sucede por manos de
sacerdotes, de manera que la profesión del sacerdocio era principalmente la
profesión de un carnicero. Esto se hacía porque se creía, mejor dicho, engañaba
a las personas, que de esta manera la gente podía “expiar” sus pecados. Los
sacrificios de los egipcios fueron todos sacrificios de expiación. En relación a
esto, posteriormente se enseñaba en Israel, que estas carnicerías y quema de
cadáveres, podría “calmar” y “alegrar” un iracundo Dios y con esto hacer que
éste se conmueva y perdone los pecados.
La supuesta muerte expiatoria de Jesús
Esta creencia, de
este “iracundo” Dios y su exigencia por la sangre es fundamental, porque
posteriormente las iglesias declaran que por la supuesta “muerte expiatoria” de
Jesús de Nazaret, es determinante después de esto. Dios ya no necesita más
sacrificios de animales para ser clemente con los hombres, después que Él antes,
habría sido diferente. Entonces las iglesias creen en un dios que se deleitaba
con la sangre de los animales inocentes durante siglos, y que hoy ya no necesita
las carnicerías, para si mismo, y en vez de esto las masivas y crueles crianzas de animales que estaría bendiciendo el consumo de su carne,
para el deleite del paladar de sus seguidores.
¿Quiere saber más sobre este dios? ¿Se quiere acercar más a él? Entonces
pregunte en las iglesias. Este sangriento hecho de las matanzas de los animales
en los templos hasta la ejecución de Jesús de Nazaret, lo califican las iglesias
hasta hoy, como “historia salvífica”, y como parte determinante de la “historia
de Dios con la humanidad”, es sostenido con todos los honores. Y también hoy
existen sacerdotes en las iglesias que afirman ser intermediarios entre el
hombre y Dios, al igual como en aquel entonces, los sumos sacerdotes en el culto
sacerdotal judío o los cultos paganos. Los actuales sacerdotes y pastores
celebran durante la santa cena respectivamente, la eucaristía, el perdón de los
pecados y la supuesta comunión con Dios – solamente que se ha variado un poco la
ceremonia y las palabras pronunciadas, y en vez de comer carne animal, se come
el “cuerpo de Cristo”. Y en vez de verter ríos de sangre animal, se “hace
presente” la sangre de Jesús de Nazaret. Y en vez de sangre auténtica, se usa vino
tinto, que en las iglesias evangélicas lo pueden beber tanto el sacerdote
como los feligreses, mientras que en la iglesia católica romana, el sacerdote
bebe en representación de todos.
¿Pero para qué todo este esfuerzo y toda esta parafernalia, que también se
conocen de los cultos a Dionisio, Mitras o Isis, donde igualmente se “come” al
correspondiente dios?
Jesús de Nazaret merendaba y bebía con sus apóstoles sin cultos ni ceremonias,
ellos no ordenaban matanzas de animales. Ellos tomaban los alimentos con la
conciencia, que en cada bocado de pan, en cada fruto del campo y en cada sorbo
de agua o vino, están presentes Dios mismo y su fuerza. En la comunidad estaban
unidos a Dios, y un sacerdote con sus pretensiones religiosas y su apetito, su
deseo por comer carne, sólo hubiera molestado.
El engaño de los sacerdotes y el mensaje de los profetas
Al comienzo, en Israel no hubo
sacerdotes. Cuando el profeta de Dios Moisés, sacó a su pueblo del cautiverio de
Egipto, en el siglo 13 antes de Cristo, el pueblo aun no sabía de sacerdotes
como los egipcios y los pueblos que los rodeaban. Pero sus cultos y usos
influenciaron sobre Israel.
En relación a esto algunas citas del Wissenschaftlichen Bibellexikon
(Diccionario bíblico científico), del capítulo Priester in Ägypten
(Sacerdotes en Egipto):
– “El sacerdocio estaba jerárquicamente organizado.”
– O: “La fuente principal sobre los rangos de los sacerdotes, es el llamado
‘Libro del Templo’, un manual de los egipcios, incluso para el ajuar
arquitectónico y personal de un templo ideal.”
– O: “Algunos actos disponían de una traje característico para su cargo”,
que luego son descritos con detalles.
– O se informa de “una serie de ordenanzas de pureza, a los cuales los
sacerdotes tenían que someterse. A estos pertenecían reglas sobre la continencia
sexual, mandamientos sobre la alimentación y … instrucciones sobre la higiene
corporal.”
(bibelwissenschaft.de)
Esto fue lo que los israelitas conocieron en Egipto y que después ellos mismos
practicaban. Una organización jerárquica – como en Egipto. Descripciones exactas
de sus servicios, e instrucciones detalladas sobre el equipamiento del templo –
al igual que en Egipto. Trajes ceremoniales y las “prescripciones de
higiene”, similar como en Egipto.
Y así habría sido Aarón, el hermano de Moisés, quien fue consagrado como el
primer sacerdote de Israel y en sucesión, sus hijos. Finalmente es seleccionada
toda una tribu, la de Levi para los servicios sacerdotales, y se establecen los
sacrificios de animales, como en Egipto y en muchos pueblos de alrededor. ¿Pero,
de quién partió esto? Los propios sacerdotes han anotado estas instrucciones, en
parte siglos más tarde, y uno de los textos originales bíblicos, por ejemplo, se
llama también alevosamente, “Textos Sacerdotales”. Pero los sacerdotes no
reconocen que lo copiaron de otra parte, o que ellos mismos se lo inventaron, sino
que fingen que Dios, respectivamente Moisés, habría ordenado esto. Y esto se
afirma de esta manera hasta hoy (ver también al respectosacerdotes.htm).
También es aclaratorio en relación a esto, el intento de Aarón de minar la
autoridad de Moisés. Aarón una vez le dijo a Moisés: “¿Solamente por Moisés ha
hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? [El sacerdote y su hermana
María] … Moisés era muy sumiso, más que todos los hombres que había sobre la
tierra” (Números 12, 2-3), una característica de un verdadero profeta de
Dios. Además, Moisés no fue un buen orador, de modo que Aarón fue el portavoz de
Moisés (Éxodo 4, 10). Este estado de cosas podría explicar muchas de
ellas:
Así por ejemplo, podría ser que Aarón pudo haber dicho muchas cosas que había
inventado como sacerdote. Pero como era el portavoz de Moisés, el pueblo
pensaba: Esto con seguridad lo dijo Moisés, que se lo había encargado a Aarón. Y
presumiblemente Moisés lo habría escuchado de esta manera de Dios. Pero en
realidad no tenía nada que ver con Dios ni con Moisés, pues Moisés pensaba en
forma totalmente distinta que Aarón. Pero al final le fue inculpado a Moisés – y
esto sucede hasta hoy – lo que Aarón y los demás sacerdotes habían ideado.
Sin embargo Dios llama a profetas, como en su tiempo a Moisés, para
desenmascarar también en tiempos posteriores, el engaño de los sacerdotes, para darle
nuevamente orientación al pueblo. Muchas de estas palabras proféticas aún están
contenidas en el antiguo testamento de la Biblia, aún cuando muchos de estos
textos proféticos fueron retocados por los sacerdotes, respectivamente
falsificados, ya sea durante el cautiverio en Babilonia o inmediatamente después,
en el siglo VI. La sospecha recae imperiosamente entre otros, sobre el sacerdote y
escriba Esdras, quien por encargo del rey de Persia organizó el regreso de los
israelitas y que los orientó nuevamente, hacia el culto sacerdotal. Si bien en
los libros de los profetas aún es posible leer que Dios por ejemplo, habla por
el profeta Jeremías: “Los sacerdotes dirigían por manos de ellos” (5, 31).
O: “Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová?” (2, 8) O las
advertencias del profeta Oseas: “Y como ladrones que esperan a algún hombre, así
una compañía de sacerdotes mata en el camino hacia Siquem; así cometieron
abominación. En la casa de Israel he visto inmundicia; allí fornicó Efraín y se
contaminó Israel” (6, 9-10). Y un poco más tarde: “Porque hicieron
engaño” (7, 2), donde en esta parte no queda claro, si Oseas seguía
teniendo a la vista a los sacerdotes, o al pueblo junto con los sacerdotes.
Para la
inauguración del templo:
Una nada ejemplarizante matanza masiva de animales
Que no se pregunte por Dios y no
se sigan sus mandamientos, tiene como consecuencia que se reemplace con reyes mundanos. Por esta razón, Dios advierte por intermedio del profeta
Samuel: “… a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 de
Samuel 8, 7). En el lugar de Dios, el rey interno en cada hombre, aparecen
ahora reyes externos: Saúl, David y Salomón y muchos otros que les siguen a
estos.
El rey Salomón es finalmente aquel que lleva al sacerdocio a una cierta
perfección, y que hace construir un templo de piedra como culminación, tal como
era usual en las otras religiones y cultos. Con mayor fuerza se consolida la
alianza entre el reino y el sacerdocio, lo que posteriormente es llevado al
occidente cristiano y que ha perdurado hasta ahora, como alianza entre trono y
altar, como sociedad entre estado e iglesia. Pero con Dios, esto no tiene nada
que ver.
Con la inauguración del primer templo, también comienza un asesinato en masa de
animales, no conocido hasta ahora. En el año 960 a. C. Ya al comienzo, la
“comunidad” mata a tantos animales “que por la cantidad no se podían contar ni
enumerar”. Sólo el rey Salomón habría matado a “veintidós mil bueyes y ciento
veinte mil ovejas“ (1 de reyes 8, 5.63). Todas las advertencias y
palabras de amenazas de los profetas de Dios, los judíos no logran detener esta
locura y esta sangrienta tragedia de los animales. Los profetas han aclarado
enfáticamente a los reyes, sacerdotes y a la población, que los asesinatos de
animales en los templos no sirven para “apaciguar a Dios”, sino que son una
abominación para Dios (ver Isaías 1, 11-13; Amós 5, 21-23; Jeremías 6, 20. 7,
22, otros ver arriba). Pero simplemente se continúa haciendo. Ni siquiera
después que los invasores babilónicos hayan destruido el templo en 538 a.C., se
produce un cambio en la manera de pensar. Ya que después del regreso del
cautiverio en Babilonia desde el año 538 a.C., comienzan de inmediato las
carnicerías religiosas. Y al respecto en la Biblia se dice: “Y colocaron el altar
sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron
sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde”
(Esdras 3, 3). Con la autorización de los persas, es reconstruido el templo
en el año 515 a.C. e inaugurado nuevamente. Esta vez la fiesta es más comedida:
sólo “cien becerros, doscientos carneros y cuatrocientos corderos y doce machos
cabríos” fueron matados, supuestamente para honor de Dios (Esdras
6, 17) – En comparación a los 22.000 becerros y los 120.000 corderos para la
primera inauguración (1 de reyes 8, 5.23). ¿Qué clase de Dios? ¿El
sufrimiento de animales inocentes no termina nunca? Son seres amorosos, que
quisieran ser los amigos de los seres humanos y de cuyos ojos nos mira el Dios
creador. ¿Cómo siguió desarrollándose esto? Frente a la crianza masiva de
animales y sus brutales métodos de matanza y las montañas de carne, en especial en
el occidente cristiano, los hechos antes mencionados eran sólo pequeños
precursores. ¿Pero, cómo siguió el asunto con el templo israelita?
Antíoco
Epífanes IV:
Matanza de cerdos en vez de toros y ovejas
El sangriento culto
sacerdotal israelita, adoptado del paganismo, domina nuevamente la vida
religiosa hasta muy avanzado el siglo 2 a.C. Entonces llegaron al poder en
Palestina por un
período breve, los helenístico-seleucidas, los seguidores de Alejandro Magno. En
el año 169 a.C. el rey sirio Antíoco Epífanes IV, decide que se retire el velo
que se encuentra entre lo “sacrosanto” y lo “santo”, y Antíoco suprimió “las
víctimas consumidas por el fuego, los sacrificios y otras ofrendas en el
Santuario.”. En vez de esto, ordena evidentemente el sacrificio de cerdos y
otros animales (1 Macabeos 1, 47-50), los que según las ordenanzas
sacerdotales no debían ser ofrendados. Desgraciadamente una alternativa igual
de sangrienta.
La veda para los animales “victimas” prescritos para el culto sacerdotal
israelí, becerro, cordero, carnero, macho cabrío y paloma, sólo dura cuatro
años, hasta el año 165 a.C. Después de dos años de guerra, Lysias el general de
Antíoco Epífanes IV, entrega la ciudad de Jerusalén sin resistencia, a los
rebeldes judíos. El altar a Zeus es retirado, y con una cantidad desconocida de
animales sacrificados como “sacrificio por fuego, sacrificio de gracia y
sacrificio de alabanza”, es nuevamente bendecido el nuevo altar para los
sacrificios de fuego (1 Macabeos 4, 56). Y los diarios sacrificios para la
supuesta reconciliación con Dios comienzan de nuevo, y ahora nuevamente se
salvan los cerdos. Y las piedras de los lugares de quema bajo Antíoco Epífanes
IV, se guardan “en un lugar adecuado hasta que venga un profeta y anuncie qué
habrá que hacer con ellas.” (1 Macabeos 4, 46)
Jesús:
Expulsión de los comerciantes de animales del templo y los ayes sobre los
sacerdotes
Profetas de Dios ya hubo muchos
y fueron burlados y perseguidos o asesinados (como presumiblemente también
Jeremías), pero nuevamente llega un gran profeta – Jesús de Nazaret. Al igual
que sus antecesores, también se comporta de manera diferente de cómo lo
esperaban los sacerdotes de entonces y los partidos religiosos. Nada menos que
durante la fiesta de pascua donde – como en todos los días de fiesta – se exigen
sacrificios adicionales, Jesús hizo “azote de cuerdas” y arremete contra los
comerciantes de animales y los “echó fuera del templo a todos, y las ovejas y
los bueyes” (Juan 2, 15). La población está enfervorecida con el profeta
de Galilea y “todo el pueblo estaba con él y le oía”. Todo pudo haber cambiado
ahora. Pero los jefes religiosos se pusieron en su contra, al igual como ya lo
habían hecho contra todos los verdaderos profetas de Dios antes de él. Y en
el evangelio de Lucas se dice: “… los principales sacerdotes, los escribas y los
principales del pueblo, procuraban matarle” (Lucas 19, 47). Y a los que
pensaban de forma distinta, les faltó el valor de apoyar a Jesús, el Cristo.
Ellos prefieren doblegarse frente a sus teólogos y carniceros, en vez de ayudar
y seguir a Jesús. Con su posterior ejecución, así se dice que el velo del templo
se “rasgó por la mitad” (Lucas 23, 45). Después que ya fue retirado
anteriormente hace unos 200 años, brevemente por Antíoco Epífanes IV. Esto
puede ser entendido como un claro símbolo: No hay una separación entre Dios y el
hombre, pues Dios vive dentro del hombre, en lo más íntimo de su alma, y tampoco
existe una separación entre Dios, el ser humano y los animales. Dios también
vive en lo más íntimo del alma de los animales.
El velo rasgado también podría significar otra cosa, a saber: Separad vuestra
dependencia de los sacerdotes sin importar la religión o el credo. Ya que los
sacerdotes son como una pared separadora entre vosotros y Dios. La víctima del
sacrificio, Jesús de Nazaret, anteriormente dijo claramente lo que opinaba de
esta gente: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque
cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros,
ni dejáis entrar a los que quieren entrar.” (Mateo 23, 13)
Pero, sin embargo, para muchos era evidentemente más cómodo orientarse según los
autodenominados “intermediadores” hacia Dios, que seguir el camino al “reino del
cielo” en sus propios corazones, por esto los sacerdotes podían seguir con sus
usuales costumbres. Ellos volvieron a reparar el velo prontamente. Ya que los sacerdotes
necesitan una supuesta separación entre Dios y las personas, para justificar su
existencia, y también necesitan una separación entre Dios y los animales, para
justificar la legitimidad de la matanza de animales respectivamente, para la
justificación de su consumo de carne. Ayer como hoy.
Al igual que todos los profetas de Dios judíos, antes de Él, estigmatizaron el
culto del templo y Él, en relación a esto, también quería ponerle fin a la
matanza de animales. Pero después de que los sacerdotes mantuvieron su
prevalecencia, gracias a la sumisión del pueblo a ellos, continúa el sangriento
culto del templo, e incluso en los años siguientes aumenta su importancia. La
nueva construcción y la reconstrucción de la casa se continúan con un “inaudito
esplendor” (Lexikon zur Bibel, Wuppertal 1988, S. 1377). Al igual como
relucen todas las iglesias llenas de un “inaudito esplendor”. Pero Jesús viendo la “casa de Dios” de piedra,
dijo a la sazón: “En cuanto a estas cosas que
veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida”
(Lucas 21, 6). Y: “No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y
el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan” (Mateo 6, 19). Y: “No
podéis servir a Dios y a las riquezas (Mammon)” (Mateo 6, 24). ¿Entonces,
a quién se está sirviendo con este “esplendor”?
La destrucción del templo de piedra
Los muchos profetas y
exhortadores del pueblo, no lograron en siglos transformar a los visitantes de
los templos tradicionalistas y matadores de los animales, en buscadores de Dios,
que toman en serio la “palabra de Dios” pronunciada por el profeta Oseas que dice:
“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que
holocaustos” (Oseas 6, 6). El camino hacia Dios es siempre el
amor al prójimo y el trabajo serio en uno mismo, para que a la buena voluntad
también sigan las buenas obras y nunca el acatamiento de ordenanzas de cultos
eclesiásticos.
Cuan atada está la concepción de Dios de las castas sacerdotales en relación al
templo de piedra, también lo llega a sentir Esteban, un diácono judío, o sea un
trabajador social y santo de la sucesión de Jesús de Nazaret. Él pone una vez
más el dedo en la llaga, cuando a los comienzos de los años 30, debe justificarse
ante el consejo superior de Jerusalén. Esteban cita al profeta de Dios Isaías,
con las palabras: “Pero Dios no vive en templos que fueron hechos por mano del
hombre,
como el profeta dice: ‘El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies;
¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?
Mi mano hizo todas estas cosas.’“ (Isaías 66, 1-2)
Todo lo ha creado Dios con amor y en todas las cosas se le puede encontrar.
“Donde haya dos, ahí están con Dios, y donde haya alguien solo consigo mismo,
entonces digo: Yo estoy con él. Levanta la piedra y allí me encontrarás; raja la
madera, y yo estaré allí.” [Traducción no oficial, el traductor] Esta auténtica
palabra de Jesús (Papyrus Grenfell & Hunt, Logion I, 5). Sin embargo no
son incluidos en la Biblia por las iglesias, y no les gusta a las jerarquías
eclesiásticas, al igual que unos años antes Esteban dijo a los funcionarios
religiosos. El diácono no tiene pelos en la lengua, y les dice directamente a
la cara lo que piensa: “Vosotros tozudos, de corazón obstinado y oídos sordos,
vosotros os oponéis siempre al Espíritu Santo, como vuestros padres antes de
ustedes” [Traducción no oficial, el traductor].
Y Esteban debe experimentar, cómo en la historia de las religiones y de las
iglesias, los sacerdotes siempre reaccionaron y reaccionan, si se ponen en duda y
se desenmascaran sus acciones y sentimientos jactanciosos del supuesto, “ser
llamados” por Dios. Según el relato de los Hechos, y como consecuencia de ello a Esteban
ya no se le permite que siga hablando, sino que en una especie de corte marcial es
asesinado en el acto: “Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los
oídos y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le
apedrearon.” (Hechos de los Apóstoles 7, 57-58)
Mientras tanto, los trabajos en el templo continúan. Y finalmente en el año 66
está listo: La suntuosa construcción esta terminada. Al mismo tiempo comienza
con un entusiasmo nacional la rebelión de Israel contra las fuerzas de ocupación
romanas. Esta termina en el año 70 con la conquista de Jerusalén por los romanos,
bajo la conducción del general y futuro emperador Tito y con la quema del
templo. “Sólo quedan ruinas como símbolo” (Lexikon zur Bibel, pág. 1378). Y tarda otros 66 años, hasta que también son retiradas las ruinas. El emperador
romano Adriano, en el año 136, hace construir en este lugar un templo en honor
al dios Júpiter. En una retrospectiva se muestra la visión de futuro de Jesús,
cuando en una conversación sobre las “hermosas piedras” y objetos de culto en el
templo, había predicho: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que
no sea destruida.” (Lucas 21, 5-6)
El sufrimiento de los animales se incrementó después de la destrucción del templo
Se podría haber pensado, que con el final del culto del templo, los animales ya no serían maltratados. Esto sin embargo, es cierto. Pero paradójicamente, justo aquellos que predicaban y dirigían el culto del sacrificio, a la inversa, han evitado un desenfrenado consumo de carne. Pues con toda crítica al sacerdocio del antiguo Israel: El culto del sacrificio, por lo menos permite estimativamente sospechar, que no todo – como hoy – fue una costumbre diaria, matar los animales y comerlos. Es una intervención masiva en el orden creativo de Dios, que según el relato original sobre la creación, no estaba previsto (Génesis 1, 29-31). Y de esta manera mantenían tranquilo al pueblo, que se había acostumbrado al consumo de carne en los actos de sacrificios sacerdotales, que no estaban incluídos en el diario vivir del pueblo, sino que estaba reservado para determinadas fiestas y ciertos actos religiosos. Pablo ya habla sobre un “mercado de carne”, netamente mundano (1 Corintios 10, 25). Pero él también frena el consumo de carne aconsejando a su renuncia, si alguien siente un rechazo (versos 25-33). Pero para aquellos que se pudieron permitir comer carne en el ámbito judío-cristiano, ya no hubo la interferencia de los sacerdotes de los templos. Y también la consideración de Pablo. Todo esto se lo llevó el viento de modo que, la matanza de animales para el consumo de carne, y cuyo permiso los sacerdotes lo imputaban a Dios, se incrementó más y más incluso con la crianza intensiva de animales y el consumo masivo diario de carne con el aumento del hambre en el mundo. Con esta actitud, nuestra generación con sus carnicerías, fábricas de embutidos, clubes de caza, ha llevado esto hasta al límite de aquello que antiguamente desencadenaron y que pensaban que podían controlar. Contra esta desenfrenada matanza masiva de animales a nivel mundial, las montañas de carne y la brutal comercialización de carne, en especial en los países cristianos occidentales (quienes usan los cereales para alimentar a los “animales de los ricos”, participan decisivamente en las causas de las hambrunas) Los sacrificios de animales para la inauguración del templo de Israel, fue un escalón de la civilización, más alto. Pero los sacerdotes una vez que comenzaron de forma determinante con esto; y aquí también vale la expresión del drama Fausto I de Wolfgang Goethe: “Los espíritus que evoqué, ya no me puedo deshacer de ellos” [Traducción no oficial. El traductor] ¿Y qué tiene que ver esto con Dios?
Todos podemos observar que el
ser humano y el animal tenemos el mismo soplo. Y se podría decir: En ellos
respira el aliento de Dios, y que llena al hombre y al animal con su vida. ¿Si
entonces una “casa de Dios” de piedra, como el templo de los antiguos israelitas,
u otros tal llamados “casas de Dios” fueron destruidos, Ahora ha perdido Dios su
casa? No, pues sólo el dios de los sacerdotes y de los teólogos que allí es adorado,
le falta desde entonces su casa de piedra. El Dios creador no se afecta por
esto, ya que nunca en el sacrosanto estuvo su trono, si ni el cielo es su trono,
como lo dice el profeta Isaías y: “Dios no vive en templos hechos por manos
humanas (Isaías
66). Esto también lo recordó Esteban unos años antes. Antes de que por
esta razón, lo mataran para silenciarlo para siempre. Y una palabra de Jesús se
hace nuevamente actual en relación a esto: “Si éstos [mis apóstoles] callaran,
las piedras clamarían.” (Lucas 19, 40)
Son los sacerdotes de los pueblos y las religiones, que han construido muros
alrededor de Dios y que pusieron tabiques y velos, para anunciar una supuesta
separación entre Dios y los hombres. Pero Jesús de Nazaret enseñó: “El reino de
Dios está en vosotros” (Lucas 17, 21). Y: “Cuando oréis no hagáis como los
hipócritas, que les gusta orar de pie en las sinagogas [Nota: Los
contemporáneos de Jesús estaban de pié en las sinagogas, y en nuestra sociedad se
escribiría: “A ellos les gustaba sentarse en los primeros bancos de las
iglesias”] y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres; os
aseguro que ya tienen su recompensa. Pero tú cuando ores, entra en tu cuarto y
cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo
secreto, te recompensará en público.” (Mateo 6, 5-6)
Si usted se quiere acercar más a Dios, entonces no se atenga más a lo que le
quieran prescribir los sacerdotes detrás de sus muros de piedra, independiente
del credo o religión. Entre en el “sacrosanto” que se encuentra en el interior
suyo y tenga allí el diálogo con Dios. No sólo una vez al año, sino las veces y
durante el tiempo que quiera. Sálgase de la iglesia y entre en su propio templo,
ya que usted mismo es el templo del Espíritu Santo, en el cual vive Dios. Y por
lo tanto, Dios tampoco no tiene ningún representante en la Tierra, pues Él está
representado en el interior de usted. Acérquese entonces más a Dios en su propio
corazón y en cada persona, en cada animal y en todas las formas de vida. En todo lo
viviente, vive el mismo Espíritu, el Dios creador de toda la vida. Es el aliento
de Dios en nuestra respiración, que recorre todo el universo.
Link:
Editorial Gabriele La
Palabra
Revista
“Der Theologe”, editor Dieter Potzel, edición Nº 37:
El culto sangriento del templo y
el Dios creador en nuestro corazón,
Wertheim 2008, citado según
theologe.de/templos_iglesias.htm,
redacción del 7.8.2022 |
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