La exhortación al genocidio
en la Biblia

El Teólogo N°26, actualizado en 12.7.2022



En el antiguo testamento se enseña inequívocamente: “No matarás” (Éxodo 20, 13) sin excepción. Sin embargo poco tiempo después, se establecen sentencias de muerte para determinados crímenes, respectivamente faltas. Para poder mantener la violencia dentro de ciertos límites, se exige de todos modos el principio pagar (sólo) igual con igual, así dice literalmente: “Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte. El que hiere a algún animal ha de restituirlo, animal por animal. Y el que causare lesión a su prójimo, según hizo, así le sea hecho: ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, tal se hará a él”
(Levítico 24, 17-20). Los grandes profetas de Dios de Israel, advirtieron contra toda forma de violencia y en especial contra la tentación de la guerra. Así por ejemplo, Moisés decía: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14, 14). Las tropas atacantes, de acuerdo a este relato, fallecieron por razón de una catástrofe natural. O el profeta Isaías: “Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30, 15). Contrario a esto, se encuentran en el antiguo testamento, también muchas exhortaciones para el genocidio a pueblos vecinos. Aquí se trata de falsificaciones realizadas por la casta sacerdotal dominante, que lo han puesto en boca de Dios respectivamente, al profeta Moisés o a otros profetas. Constantemente más ciudadanos israelíes se han distanciado de estas cuestiones y hoy quieren vivir en paz con sus vecinos árabes. Según la enseñanza de la Iglesia católica-romana y evangélica, los siguientes ejemplos son hasta ahora palabra de Dios, sin falta y obligatoriamente vinculante.

 

“El antiguo testamento prepara al nuevo, mientras que éste completa al antiguo. Ambos se complementan; ambos son la verdadera palabra de Dios.” (Catecismo de la Iglesia católica-romana, Nº 140)

 

Lea lo que generalmente se calla en las clases de religión, y que en las biblias para niños es expresamente resumido o suprimido, para ocultar toda la verdad sobre la Biblia, a los niños y adolescentes.

 

Al comienzo del reportaje aparece la captura de un soldado israelita y un voto de los regentes, para el caso del éxito militar, realizar un genocidio:  
 

Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó de él prisioneros. Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma. (Números 21, 1-3)

 

En uno de los siguientes enfrentamientos, la orden de la aniquilación de todos los habitantes, habría venido directamente de Dios:

 

Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra. (Números 21, 34-35)

 

La venganza por diversas faltas reales o supuestos, sobrepasa al “delito” original a veces por mucho, donde también son asesinados innumerables inocentes. Cuando un israelita tuvo sexo con una mujer de un pueblo vecino, los medianitas, ambos son acuchillados, aún durante el acto sexual, por el hijo de un sacerdote israelí. A la mujer, de nombre Kosbi, se le imputó haber seducido a propósito al israelita, para desviarlo de su religión. Por esto, el dios de Israel habría exigido una monstruosa y gran venganza contra el pueblo de Kosbi. La Biblia dice literalmente:

 

Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián. Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes, e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones. Moisés se enojó contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra, y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. [Para sexo y esclavitud] (Números 31, 3.7.9-10.14-15.17-18)

 

Si ninguno de los habitantes de un pueblo vecino, haya “pecado” de inmediato sólo se ordena la expulsión. Se advierte expresamente sobre la protección de personas, de forma individual.

 

“Echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; Y si no echáreis a los moradores del país, de delante de vosotros, sucederá que los que dejaréis de ellos serán como aguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitaréis.” (Números 33, 52.55)

 

La idea de una convivencia pacífica con todos los pueblos que habitan en Palestina es desecha por el SEÑOR de Israel. El genocidio, respectivamente, la aniquilación despiadada de personan que piensan distinto, es puesto en boca de “Dios” por los sacerdotes, para legitimar con esto de forma religiosa, los crímenes de guerra.

 

Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú, y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia. Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo. Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego. (Deuteronomio 7, 1-3.5)

 

Después de la muerte de Moisés, su sucesor Josué, seguiría con la política de los genocidios – como hasta ahora con la supuesta bendición de Dios. Así le habría dicho Moisés a los Israelitas:

 

Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó. Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. (Deuteronomio 31, 3-6)

 

P.D.: Este política de la exterminación de la población civil, no proviene de Moisés, se le adjudicó (ver notas en "El Teólogo Nº 13").

 

¿Deberá pertenecer también El Libanón a Israel? El antiguo testamento describe la extensión del país a conquistar ¿Pero que se quiere decir cuando se habla “hasta el Líbanón”? ¿Exclusivo o inclusive del Libanón? Fanáticos religiosos se refieren a estas y otras citas bíblicas parecidas, en el conflicto limítrofe actual.

 

Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. (Josué 1, 4-5)

 

La tiranía de Josué también debería ser asegurada hacia el interior. Así los guerreros hicieron un voto incondicional de vida o muerte a Josué:

 

Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente. (Josué 1, 16.18)

 

Los pueblos vecinos vivían con temor y terror frente a Israel ¿Cómo pueden los reyes proteger a la población y salvarles la vida? La situación parece ser desesperada.

 

Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel. (Josué 5, 1)

 

Como primera cosa, fue conquistada la actual ciudad palestina, Jericó. Aparentemente habrían asesinado a todos los habitantes y animales – exceptuando la prostituta Rahab y su familia, porque había colaborado con los atacantes (Josué 6). Un israelita roba en Jericó un valioso abrigo babilónico como también plata y oro. Según el punto de vista de los sacerdotes, con esto habría debilitado ritualmente el siguiente ataque a la ciudad Hai, por lo cual se habrían producido muertes en las propias filas. Después de un proceso público, fue ejecutado y toda su familia y sus animales.

 

Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos ... (Josué 6, 21)

… Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán hijo de Zera, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo cuanto tenía, y lo llevaron todo al valle de Acor.
Y Josué le dijo: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy. (Josué 7, 24-26)

 

En la guerra de aniquilación, según la Biblia, fueron víctimas los habitantes de la ciudad de Hai. Después que fracasó el primer ataque (Josué 7), la Biblia describe la preparación del segundo ataque (Josué 8) que terminó como sigue:

 

Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase. Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué. Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada. Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai. Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai. Pero los israelitas tomaron para sí las bestias y los despojos de la ciudad, conforme a la palabra de Jehová que le había mandado a Josué*. Y Josué quemó a Hai y la redujo a un montón de escombros, asolada para siempre hasta hoy. (Josué 8, 22-28)

 

Durante la destrucción de Jericó todavía existía la pena de muerte por tomar botines (ver arriba). Pero los atacantes posiblemente “escarmentaron”.

 

Solamente el pueblo de Gabaón pudo salvarse de la destrucción mediante un ardid. Ellos aparentaron de venir de muy lejos y querer honrar al dios de los israelitas. A esto Josué hizo la paz con ellos. Pero luego se descubrió el engaño …

 

Y llamándolos Josué, les habló diciendo: ¿Por qué nos habéis engañado, diciendo: Habitamos muy lejos de vosotros, siendo así que moráis en medio de nosotros? Ahora, pues, malditos sois, y no dejará de haber de entre vosotros siervos, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios. Y ellos respondieron a Josué y dijeron: Como fue dado a entender a tus siervos que Jehová tu Dios había mandado a Moisés su siervo que os había de dar toda la tierra, y que había de destruir a todos los moradores de la tierra delante de vosotros, por esto temimos en gran manera por nuestras vidas a causa de vosotros, e hicimos esto. Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo. Y él lo hizo así con ellos; pues los libró de la mano de los hijos de Israel, y no los mataron. Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy. (Josué 9, 22-27)

 

A esto, una gran coalición de todos los otros pueblos restantes bajo el mando de Jabín rey de Azor, trató de parar al ejército israelí. Pero se iba a transformar en un gran fiasco para la coalición, lo que llevó a que todo el país cayera en manos de Israel.

 

Y Jehová los entregó a manos de Israel, y los hirieron y los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no dejaron ninguno. Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros los quemó. Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos. Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor lo quemaron. Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová, lo había mandado. Pero a todas las ciudades que estaban sobre colinas, no las quemó Israel; únicamente a Hazor quemó Josué. Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés. (Josué 11, 8-15)

 

Entonces la ofensiva militar en dilación, se dirigió contra los países limítrofes, hasta que al final sólo quedaban los anaceos. Pero también estos fueron aniquilados. Sólo en la actual franja de Gaza como en Gat y Asdod se dejó vivir a algunos habitantes.

 

También en aquel tiempo vino Josué y destruyó a los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir, de Anab, de todos los montes de Judá y de todos los montes de Israel; Josué los destruyó a ellos y a sus ciudades. Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod. Josué tomó pues toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas como herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra. (Josué 11, 21-23)

 

Pero la “calma” no perduró por mucho. Puesto que constantemente habían nuevos vecinos. Ahora las distintas tribus de Israel hacían las guerras en forma individual contra los pueblos vecinos. Así por ejemplo, la ciudad cananea Jerusalén fue incendiada y arrasada por la tribu de Judá [posteriormente la ciudad reconstruida por los jebusitas, fue nuevamente conquistada por el rey David y ampliada como el centro de Israel] También en Gaza, donde al final se habían dejado con vida algunos habitantes, deberían ser ahora exterminados todas las personas. Pero primeramente según la Biblia, las armas de los defensores eran demasiado poderosas. A partir de aquí, el antiguo testamento enumera a los siguientes vecinos que ya no fueron aniquilados, sino solamente esclavizados.

 

Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres. Después los hijos de Judá descendieron para pelear contra el cananeo que habitaba en las montañas, en el Neguev, y en los llanos. Y fue Judá con su hermano Simeón, y derrotaron al cananeo que habitaba en Sefat, y la asolaron; y a la ciudad le pusieron por nombre, Horma. Tomó también Judá a Gaza con su territorio, Ascalón con su territorio y Ecrón con su territorio. Y el amorreo persistió en habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo tributario. (Jueces 1, 4.9.17-18.35)

 

Las guerras continuaban de forma constante. De esta manera se seguían juntando los medianitas en los límites de Israel, quienes bajo Gideón fueron vencidos militarmente. Luego se formó el pueblo de los filisteos, de lo cual se derivó la actual palabra “palestinos”. Durante muchos decenios seguían los enfrentamientos bélicos, y por primera vez se reconocen algunas derrotas militares de los israelitas (por ejemplo 1 de Samuel 4, 10). A los filisteos se les juntaron los amonitas y amalequitas como vecinos atacados. Con esto se mantuvo el principio de querer aniquilar de forma total al adversario, tanto a los guerreros como a los civiles. El primer rey Saúl, aparentemente cayó en desgracia con el SEÑOR, pero en realidad fue con los sacerdotes donde cayó en desgracia, porque no ejecutó totalmente la proscripción contra los amalequitas y dejó con vida a su rey y un par de animales.

 

Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero todo el pueblo lo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable lo destruyeron. Y Samuel dijo: Cómo tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tú madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal. Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. (1 de Samuel 15, 7-9.33.35)

 

Y así continuaron las guerras. Siguen los siglos en los cuales los grandes profetas de Dios hablan al pueblo de Israel (por ejemplo, del siglo 6 respectivamente, al siglo 8 antes de Cristo, Isaías, Jeremías, Amós, Oseas y muchos más) que querían terminar definitivamente con las guerras y los sacrificios de animales, mientras que contra profecías muchas veces instaban a la guerra. Así a los verdaderos profetas de Dios, más tarde se acopla el profeta Jesús. Pero los profetas no tuvieron éxito.

 

Siguió la última gran guerra contra el imperio romano, en el año 70 después de Cristo y algunos levantamientos posteriores. Este contrincante fue militarmente demasiado fuerte, y los israelitas, en su última rebelión en el año 135 fueron expulsados por los romanos de Palestina. En este mismo tiempo Jesús, el último de los grandes profetas de Israel, fue absorbido por la iglesia católica-romana en formación, una religión “sincretista” mezclada de cultos de misterios paganos, elementos judíos y algunas partes de la enseñanza de Jesús. Nuevamente en los tiempos siguientes se hicieron guerras y más guerras e innumerables pensadores que no comulgaban con ello, fueron aniquilados, ahora encaminado desde Roma e injustamente en el nombre de Jesús, el Cristo. Ahora también comenzó la cruenta persecución de los judíos por la Iglesia. Los judíos mientras tanto, eran una minoría pacífica en los distintos estados. En vez de esto, la iglesia lo acogió de la herencia del antiguo testamento (ver arriba) y lo integró en sus enseñanzas de las guerras justas.

 

Junto a la “enseñanza de la guerra justa”, también existen otros dogmas más emparentados con este. Así en un documento de enseñanza vinculante, por ejemplo: “Por esto debe [la iglesia] eliminar y erradicar con minuciosa solicitud, todo lo que está contra la fe …” (Neuner/Roos, La fe de la iglesia, enseñanza Nº 328), lo que en la práctica era entendido como la aniquilación de disidentes.

Pero los verdaderos seguidores de los profetas de Dios del antiguo testamento y de Jesús no se dejaron silenciar por la persecución. A pesar de que la iglesia muchas veces trató de “eliminarlos” totalmente, las personas siempre volvieron a levantarse y valientemente testificaron a favor del pacifista Jesús y sus directivas para un reino de paz en vísperas de venir, en el cual los hombres vivirían en paz, juntamente también con los animales salvajes (ver por ejemplo Isaías 11).

 

P.D.: Para profundizar lea Apéndice Nº 3 de "Der Theologe Nº 8" (disponible sólo en alemán). Según esto, muchos historiadores objetan que los hechos sucedieron tal cual como los relata la Biblia. Todo habría sido mucho más pacífico. Esta tesis podría servir hoy como un pequeño impulso para la reconciliación entre los pueblos. Esto también significaría: Las citas de la Biblia serían una falsificación de la verdad, para justificar genocidios y  guerras ¿Por qué entonces, siguen valiendo como “palabra de Dios” y como escritura “santa”?

 

Nota: Las citas bíblicas son de la Biblia Reina-Valera (El traductor)

 

Links:
Editorial Gabriele La Palabra

 


El texto se puede citar como sigue:

Revista “Der Theologe”, editor Dieter Potzel, edición Nº 26: La exhortación al genocidio en la Biblia, Wertheim 2006, citado segúntheologe.de/antiguo-testamento.htm, redacción del 12.7.2022
 

 

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